A lo largo de los meses, Taylor vio a varios médicos y se hizo varios análisis de sangre. Los resultados no fueron perfectos, pero nada que hiciera saltar las alarmas: deficiencia de hierro, recuento de plaquetas ligeramente elevado, signos de inflamación. Pero todos los médicos parecían restar importancia a estos resultados.
Confiado en estos diagnósticos tranquilizadores, Taylor continuó su vida lo mejor que pudo. Pero su dolor se estaba volviendo insoportable, su apetito estaba disminuyendo y su moral se estaba derrumbando. Con sólo 32 años, se vio debilitarse sin entender por qué.
Un diagnóstico tardío con consecuencias devastadoras
Fue solo cuando en agosto de 2024 apareció un gran ganglio linfático en su cuello que los médicos tomaron en serio sus síntomas. Una biopsia confirmó lo que tanto temía: linfoma de Hodgkin en estadio 4. La enfermedad ya se había extendido a sus huesos, sangre y pulmones.
El golpe fue aún más duro porque Taylor venía de un año difícil, marcado por la pérdida de su casa. Sin embargo, comenzó inmediatamente un tratamiento intensivo: el protocolo BrECADD, una quimioterapia reciente pero extremadamente potente. Los efectos secundarios fueron terribles: dolor intenso, náuseas, agotamiento total. Taylor incluso perdió temporalmente la capacidad de hablar y caminar.
El coraje de compartir para alertar a los demás
A pesar de los duros tratamientos y el agotamiento constante, Taylor decidió hablar abiertamente sobre su enfermedad en las redes sociales. En TikTok, comparte su vida cotidiana, sus momentos de desesperación, pero también sus momentos de coraje y resiliencia.
Ella espera que su historia ayude a otros a prestar atención a las señales que los médicos podrían pasar por alto. “Si mi historia puede ayudar a una sola persona a detectar los síntomas antes, no habrá sido en vano”, dice con determinación.
Lecciones que podemos aprender de la historia de Taylor
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